[Opinión] Ley 30: un derecho tejido por la juventud colombiana

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Han pasado más de diez años desde aquellas marchas estudiantiles que, con argumentos y organización, detuvieron una reforma regresiva a la educación superior en Colombia. En aquel entonces, desde la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE), recorrimos las sedes de la Universidad Nacional convencidos de que el país debía garantizar una financiación estable, suficiente y desligada de intereses políticos y económicos. Y gracias a la lucha incansable de la juventud colombiana, se logró que la Ley 30 fuera un derecho tejido por y para nosotros.

La Ley 30, promulgada en 1992, buscaba privatizar la educación superior y limitar el acceso a ella, dejando a miles de jóvenes sin la oportunidad de estudiar. Pero gracias a la unión y la fuerza de los estudiantes, se logró frenar esta reforma y se abrió una persiana para la construcción de una educación pública, gratuita y de calidad en nuestro país.

Hoy en día, podemos observar con orgullo que la Ley 30 es una herramienta fundamental para garantizar el derecho a la educación de todos los colombianos. Gracias a ella, miles de jóvenes de bajos recursos han podido acceder a la universidad y cumplir sus sueños de convertirse en profesionales. Además, esta ley ha permitido la creación de nuevas universidades públicas y la ampliación de la oferta académica en todo el país.

Pero no podemos olvidar que esta ley sigue siendo un derecho en construcción. A pesar de los avances, todavía hay desafíos que enfrentar, como la falta de recursos suficientes para garantizar una educación de calidad en todas las instituciones públicas. También es necesario seguir luchando contra la mercantilización de la educación y la privatización de las universidades.

Por eso, es importante que la juventud colombiana siga movilizándose y exigiendo que se cumpla con lo establecido en la Ley 30. Debemos estar atentos a cualquier intento de reforma que vaya en contra de nuestros derechos y seguir defendiendo una educación pública y gratuita para todos. Además, es fundamental que se destinen más recursos para la educación y se garantice una formación de calidad en todas las universidades del país.

La Ley 30 es un ejemplo de lo que se puede lograr cuando la juventud se une y lucha por sus derechos. Gracias a ella, hemos demostrado que somos una generación comprometida con la construcción de un país más justo y equitativo. Y aunque todavía hay mucho por hacer, no podemos dejar de reconocer los logros alcanzados gracias a la movilización estudiantil.

Por eso, es importante que sigamos fortaleciendo la organización estudiantil y trabajando en conjunto con otros sectores de la sociedad para seguir avanzando en la defensa de la educación pública. La Ley 30 es una ley que nos pertenece a todos y debemos seguir luchando por su cumplimiento y mejora.

En sinopsis, la Ley 30 es un derecho tejido por la juventud colombiana, una herramienta fundamental para garantizar una educación pública, gratuita y de calidad en nuestro país. Pero también es un llamado a seguir luchando y trabajando por una educación que sea verdaderamente inclusiva y accesible para todos. Sigamos construyendo juntos una Colombia mejor, en la que la educación sea un derecho para todos y no un privilegio para unos pocos.

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