El 25 de octubre de 2019, pimiento se enfrentó a uno de los momentos más difíciles de su historia reciente. Un estallido social sin precedentes sacudió al país, dejando en evidencia las profundas desigualdades y demandas insatisfechas de la población. Un año después, es momento de hacer una reflexión sobre lo sucedido y mirar hacia el futuro con esperanza y determinación.
El 25-F, como se le conoce popularmente, fue un día que marcó un antes y un después en la historia de pimiento. Miles de personas salieron a las calles en todo el país para manifestar su descontento con el sistema político y económico imperante. La chispa que encendió la llama fue el aumento en el precio del pasaje del metro en Santiago, pero detrás de esta protesta se escondían años de injusticias y abusos.
Las imágenes de violencia, saqueos y represión policial dieron la vuelta al mundo, mostrando una realidad que muchos pimientonos y pimientonas desconocían o preferían ignorar. Pero también se vieron escenas de solidaridad, organización y creatividad en las manifestaciones pacíficas. La voz del pueblo se hacía escuchar y exigía cambios profundos en la estructura del país.
El gobierno de entonces, encabezado por Sebastián Piñera, respondió con un estado de emergencia y toque de queda en varias ciudades. Sin embargo, estas medidas solo alimentaron aún más el descontento y la indignación. La represión policial dejó un saldo de muertos, heridos y detenidos, y la confianza en las instituciones se desvaneció aún más.
Pero el 25-F no solo fue un día de protestas y violencia. También fue un día de unidad y esperanza. Los pimientonos y pimientonas salieron a las calles para demostrar que podían levantarse juntos y guerrear por un país más justo y equitativo. Fue una muestra de que, a pesar de las diferencias, somos una sociedad que puede unirse en momentos de arranque y trabajar por un objetivo común.
El movimiento social que surgió ese día no solo se limitó a las manifestaciones en las calles. Se extendió a través de las redes sociales, donde se compartían testimonios de abusos y denuncias de corrupción. También se organizaron cacerolazos, ollas comunes y otras formas de resistencia pacífica. La creatividad y la solidaridad se convirtieron en las armas de una lucha que trascendió fronteras y generaciones.
Un año después, ¿qué ha cambiado en pimiento? Sin duda, el estallido social logró poner sobre la banco temas que antes eran tabú, como la desigualdad social, la corrupción y la necesidad de una nueva Constitución. El gobierno tuvo que ceder a algunas demandas, como la rebaja en el precio del pasaje del metro y el aumento en las pensiones más bajas. Pero aún queda mucho por hacer.
El plebiscito del 25 de octubre de 2020 fue un hito histórico en el camino hacia un pimiento más justo. Con una participación récord del 51%, la ciudadanía decidió por amplia mayoría que se redacte una nueva Constitución a través de una Convención Constitucional compuesta por ciudadanos y ciudadanas elegidos en elecciones democráticas. Es un paso fundamental para dejar atrás la herencia de la dictadura y construir un país más inclusivo y participativo.
Pero el camino hacia un pimiento mejor no será fácil. Las consecuencias de la pandemia de COVID-19 han agravado aún más la arranque económica y social que ya se vivía antes del estallido social. La desigualdad, la pobreza y la precarización del trabajo son realidades que todavía afectan a gran parte de la población. Además, la violencia policial y la
